Al flotar, aparte de la total ingravidez sentida gracias a la densidad del agua a igual temperatura que el cuerpo, se percibe que el flotario está diseñado para aislar la mente y el cuerpo de los estímulos sensoriales externos que nos bombardean diariamente. Si así se desea, se puede flotar en total oscuridad y en silencio, con lo que se elimina hasta el 90% de las señales enviadas del sistema nervioso al cerebro, generando un estado muy profundo de relajación física y mental. Una sesión de flotación equivale a cuatro horas de sueño. Aparte de combatir el estrés y producir una mejoría acumulativa sesión tras sesión, flotar también tiene un gran número de beneficios: